miércoles, 6 de enero de 2010

Pequeña historia de la capilla de Villaescusa



El próximo día ocho de Septiembre, se celebrara en Villaescusa su tradicional fiesta en honor de La Virgen de Covadonga.

Con este motivo, escribo estas lineas sobre la historia de  La Capilla de Villaescusa, que, aunque parezca que forma parte del paisaje desde siempre, la verdad es que no siempre estuvo allí, ya  que su construcción data de la década de los cincuenta del pasado siglo.


Villaescusa, que política y administrativamente, pertenece al concejo de Colunga, en lo relacionado con la Iglesia Católica, pertenece a la parroquia de Santa Eugenia de los Pandos, en el vecino concejo de Villaviciosa, en la iglesia de esta parroquia fueron bautizados los nacidos en Villaescusa, en ella algunos hicieron la primera comunión, otros celebraron su boda y en su cementerio descansan muchos de los vecinos ya  fallecidos de Villaescusa.


Por aquel entonces, Villaescusa era un pueblo muy mal comunicado por supuesto no llegaba la carretera, sus vías de comunicación eran un camino hacia Pernús donde estaba la escuela, un camino hacia Puente Agüera dónde se cogia  el coche de línea bien para ir al mercado los jueves a Colunga ó bien hacia Infiesto, además del camino hacia Santa Eugenia donde como he dicho antes estaba la iglesia parroquial a la que muchos vecinos asistían cada domingo a misa, había otro camino que comunicaba el pueblo con San Feliz, lugar de la parroquia de Rales, (Villaviciosa) este se utilizaba básicamente cuando había que traer al pueblo algún material pesado, por ejemplo materiales de construcción, ya que era el camino mas favorable desde la carretera, (el mas llano).

En la década de los cincuenta del siglo pasado, la parroquia de Santa Eugenia de los Pandos, estaba regentada por un sacerdote ya muy mayor que se llamaba Don Gumersindo, cuando este sacerdote falleció, llego para hacerse cargo de la parroquia Don Manuel, un sacerdote mucho mas joven y con mas energía, que se impuso como una sus tareas visitar periódicamente todos los pueblos que pertenecían a la parroquia. Cuando llego a Villaescusa, reunió a los vecinos y además de hablar de las cosas que un sacerdote habla con sus feligreses, se intereso por su forma de vida sus problemas, sus necesidades, etc. Cuando les pregunto porque en su opinión asistían poco a la iglesia, estos entre otras razones le comentaron la dificultad del camino que unía Villaescusa con Santa Eugenia pues era bastante malo y en tiempo lluvioso  se convertía prácticamente en intransitable.


Don Manuel comenzó a visitar el  pueblo todos los sábados, y en una casa deshabitada reunía a los mas pequeños del pueblo y les daba clase, obviamente de Historia Sagrada, pero era una clase muy amena, ya que, por su manera de explicar las cosas más que un maestro parecía un compañero, además, disponía de un proyector de diapositivas, con el que apoyaba sus clases y esto, era una tecnología bastante novedosa en Villaescusa en aquel tiempo. Al terminar la clase daba un paseo por el pueblo, saludando a todos los vecinos y charlando con ellos, de esta manera y poco a poco se fue ganando a la gente que empezó a ver en Don Manuel, un cura algo distinto a lo que era habitual, quizá presagiando los cambios que se estaban produciendo en la Iglesia.

En una de sus visitas al pueblo reunió a los vecinos y les propuso la construcción en el pueblo de una capilla, el se encargaría de todos los tramites administrativos y se comprometía a decir misa todos los sábados y ellos deberían colaborar en la construcción, cada uno de acuerdo a sus posibilidades, aportando dinero, trabajando en la construcción de la misma etc.En una palabra les estaba proponiendo unirse y realizar una obra en común, una obra que perduraría en el tiempo y aparte de las connotaciones religiosas, se convertiría en el edificio más notable del pueblo.


La idea fue recibida con división de opiniones, mientras que a unos les parecía una gran idea, otros opinaban que era una obra poco necesaria, ya que para oír misa ya estaba la iglesia de Santa Eugenia, algunos pensaban que supondría un gran desembolso de dinero, del que no estaban sobrados, pero Don Manuel con su forma de ser y sus dotes de persuasión, fue convenciendo a los mas reacios a la idea y al final consiguió que todos la aceptasen.
Una vez decidida la construcción de la capilla, y su emplazamiento, se comenzó con los tramites y posteriormente, con la propia obra, los materiales necesarios, ladrillos, cemento, arena, teja, fueron traídos desde San Feliz, que como antes dije era el camino mas llano desde una carretera, para traerlos se realizaban  acarretos, que consistían en fletar uno ó varios carros del país ó carretones, tirados por parejas de vacas ó bueyes, trasladarse hasta San Feliz, cargar los materiales que previamente había dejado allí un camión, y traerlos a Villaescusa.

De esta manera y poco a poco se fue construyendo la capilla, cuando ya estaba casi terminada, hubo que decidir que imagen se veneraría en la misma, acordando por unanimidad que fuese la imagen de La Virgen de Covadonga (La Santina).

 Durante la construcción de la capilla hubo gran camaradería y compañerismo entre todos los vecinos, que olvidándose de alguna que otra rencilla colaboraron con gran entusiasmo al buen fin de la obra. La capilla se inauguro en el verano de 1960 con una misa solemne y una gran romería.

 A partir de su inauguración, y cumpliendo su compromiso, Don Manuel venia cada sábado a decir misa. Cuando Don Manuel  abandono la parroquia, fue sustituido por otro joven sacerdote llamado Don José Ramón, que continuo con la costumbre de decir misa cada sábado, sin embargo al pasar los años y con la despoblación de los pueblos y la escasez de sacerdotes, se fue espaciando la misa semanal, primero cada quince días, después cada mes, asta llegar a nuestros días que creo que se celebra solo una vez al año, cada ocho de Septiembre.


 El pasado año 2006, los vecinos de Villaescusa acometieron una restauración general de la capilla, reparando todos los desperfectos que con el paso del tiempo se fueron acumulando y dándole unas manos de pintura, dejándola como nueva





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